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Enfermera Dolor Pélvico

Participación en un congreso nacional de enfermería hablando de vulvodinia

Hace algunos años tuve la posibilidad de acudir a un Congreso Nacional de Enfermería Comunitaria y llevar un Caso Clínico de la consulta. Se trataba de una mujer con Vulvodinia.

Para los que no conozcáis la vulvodinia es una patología donde se presenta dolor en la zona vulvar o vaginal durante más de 3 meses sin causa orgánica que lo justifique.

En el Congreso pude presentar una comunicación (ponencia) y hablar de María, una paciente que llevaba meses con escozor vaginal, ganas de orinar continuas y aumento de flujo. Sus pruebas (cultivo de orina y el exudado vaginal) eran negativas. Había dejado de hacer ejercicio debido al dolor y presentaba ansiedad y dificultad para dormir (insomnio). Había pasado por multitud de profesionales y ni siquiera tenía un diagnóstico claro. Cuando acudió al Centro de Salud le hablamos de la vulvodinia y empezamos a trabajar conjuntamente con ella para ver cómo podíamos ayudarla.

Lo primero que hicimos fue una valoración de su estado general (usando los Patrones Funcionales de Salud de Enfermería) y tras esto nos planteamos objetivos para ir mejorando en función de sus necesidades.

Lo que hicimos en la consulta a grandes rasgos fue lo siguiente:

· Asesoramiento sexual en función de sus necesidades, sí no le fueran suficientes nuestros consejos se la derivaría a un sexólogo especializado pero no fue necesario.

· Le dimos esperanza al mostrarle que es algo que le ocurre a muchas mujeres y se puede solucionar o mejorar.

· Le enseñamos técnicas de relajación como la meditación y el Mindfulness (tuvimos la suerte de contar con una experta en el centro). Con estas técnicas mejoro síntomas como la polaquiria (ganas continuas de orinar con eliminación escasa)

· Realizamos una terapia de grupo con otras pacientes que estaban padeciendo lo mismo, el verse reflejada en otras mujeres le ayudo y también obtuvo recursos.

· Le dimos asesoramiento sobre el ejercicio, explicándola que los deportes de alto impacto no le venían bien al igual que montar en bici, lo cual ella solía realizar. También le hablamos de unos sillines especiales para esta patología que vienen divididos en dos zonas para no presionar el nervio pudendo y disminuir la irritación de este y el dolor que conlleva.

· Analizamos su alimentación y vimos que tenía malas digestiones debido al estrés y la ansiedad, esto también hacía que aumentara su sufrimiento así que adaptamos su dieta reduciendo los alimentos que tienen una digestión más compleja y así fue mejorando. Sí no hubiera mejorado nos hubiéramos planteado derivarla a una nutricionista especialista.

· La aconsejamos que fuera a ver a una fisioterapeuta especialista en suelo pélvico lo cual hizo que mejorara mucho. Allí vieron que tenía contracturas musculares en el suelo pélvico y fueron trabajándolas.

· Por otro lado su médico de cabecera le dio medicación para el dolor, la ansiedad y el descanso y esto hizo que fuera mejorando. Sí no hubiera mejorado otra opción hubiera sido que su médico la mandará a la unidad del dolor para realizarla infiltraciones.

· Y por último, la empoderamos para que ella misma supiera como cuidarse. Siempre nos tendría para cualquier consulta pero era importante que ella pudiera gestionar su propia salud. Con su gráfica de dolor pudo relacionar cuando le dolía más y por qué. Tuvo que hacer cambios en su vida y empezar a quererse más, dejando de cuidar tanto a los demás y empezando a cuidarse a sí misma. Ya sabía que ejercicios le iban bien, como debía alimentarse, tenía recursos para gestionar su ansiedad y se sentía más segura. Le habíamos ofrecido recursos y ella no había dejado pasar la oportunidad de aprovecharlos.

Este último punto me parece vital. Cada uno es responsable de su propia salud y debe ponerse en marcha para poder mejorar. Los profesionales de salud podemos acompañarle pero sí la persona no hace un esfuerzo todo se ira dilatando con el tiempo. Hay que trabajar pero sin fustigarnos o machacarnos, poco a poco dando pasitos hacia un estado de salud mucho mejor.

Y hasta aquí mi experiencia en el Congreso, debo decir que en las preguntas post-exposición las enfermeras se mostraban sorprendidas por el tema, no sabían que se podían tratar esas patologías desde la consulta de enfermería y fue esto lo me animo aún más a trabajar en ello. No podemos dejar solas a estas pacientes, cada uno debe poner su granito
de arena para poder ayudarlas. No puede haber mujeres sufriendo y sintiéndose abandonadas.

María, la primera vez que vino a la consulta me pedía que le hiciera un análisis de orina con una tira reactiva, se los hacía cada poco tiempo (esta paciente no me pertenecía como enfermera pero ese día yo estaba de guardia) María estaba segura de que en algún momento aparecería algún pequeño microorganismo que nadie estaba viendo que justificara su escozor y sus ganas continuas de orinar. Sí no hubiéramos estado ahí es muy posible que hubiera estado mucho más tiempo buscado ese pequeño “bicho” sin encontrar nada ya que no lo había.

Con cariño, Alicia

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